Como seres humanos, estamos expuestos a vivencias dolorosas dentro de nuestro diario vivir, aprendemos constantemente como salir victoriosos de las pruebas que nos pone la vida, pero quizás, una de las pruebas más difíciles que debemos afrontar durante nuestro recorrido por este mundo, es la pérdida de un ser querido.
El vacío que deja una pérdida, resulta ser uno de los sentimientos más dolorosos que nos somete a una montaña rusa de emociones, pues aceptar que alguien al cual amamos ya no estará físicamente, causa gran confusión y tristeza… tanto así, que podemos llegar a pensar que nuestro deber es recordarle y “sufrir” por no tenerlo, como medida de no permitir que su recuerdo se fugue de nuestra vida.
Sin embargo, el duelo es un proceso que permite rehabilitar el alma y cuyo objetivo nunca será el olvido sino alcanzar la plenitud de recordarle sin dolor.
Por eso es importante y necesario tener hábitos que ayuden a la liberación de estas cargas emocionales que deja el fallecimiento de un ser amado:
1. Aceptar el duelo: El vacío ante una pérdida es inevitable y con él se mezclan emociones que nos pueden hacer sentir mal, solo basta de tiempo para que poco a poco podamos aceptar sin tener algún síntoma de culpabilidad hacia esta pérdida.
2. Expresar los sentimientos: Para aceptar que nuestro ser querido ya no está, debemos validar su ausencia y el dolor que esta nos representa, por tanto debemos permitirnos sentir con naturalidad y expresarlo sin represiones. Es importante entonces que realices actividades que te distraigan, compartas con los tuyos y dediques tus logros a esa persona que ya no está. Todo esto, te ayudará a salir de esta situación que ves sin salida y darás un gran paso muy importante en la superación.
3. Cuidar tu salud y la de los tuyos: Un equilibrio bien fundamentado en nuestras vidas nos llevará a recuperar ese estilo de vida que antes disfrutábamos en el día a día, nos ayudará a salir adelante con nuestros deseos y anhelos. Es vital que durante el proceso de duelo no te “abandones”.
4. Apoyar a nuestros familiares: Recordemos que quizás nuestras familias necesitan apoyo. Cuando nos apoyamos mutuamente, tendemos a sentirnos mejor al igual que ellos. Permitamos espacios en los que la familia se reúna a recordar momentos gratos, donde quizás se escapen sonrisas en memoria de quien ya no está, tal cual como sucedía en vida.
¡No olvides! Que tu ser querido siempre quiso lo mejor para ti, y se alegrará de que puedas ser feliz a pesar de su ausencia, es momento de soltar para sanar y olvidar.
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